CAPITULO III
12 DE JULIO, MARCHA CONTRA LEY HINZPETER: PERDAMOS EL MIEDO
A veces me pregunto si las
personas son estúpidas por el hecho de hacer estupideces. Por ejemplo el
gobierno actual (año 2012) ha hecho muchas estupideces, lo que no los hace
estúpidos precisamente por que han logrado mantener el régimen instaurado por Pinochet
durante 40 años, se podría decir entonces que son muy inteligentes y a la vez
algo estúpidos. En cambio en la concertación, se podría decir que durante sus
20 años de gobierno fueron estúpidos, pero inteligentemente entregados al sistema, pero digamos que no fueron muy
eficientes en su gestión. Y así en todo orden de cosas, también en la
cotidianidad o en las relaciones con las personas se da la misma dinámica. Lo
otro es pensar que el gobierno hace estupideces por que no les interesa hacer
las cosas mejor, y prometerán y compraran a la gente a la hora de la
reelección, o levantarán a algún caudillo, cosa que ya están haciendo por que
en Chile la gente vota por personas no por proyectos, ya sea que éstos no
existen – lo que no quiere decir que no puedan ser construidos-, o nada que
tenga olor a nuevo al menos. En fin, estúpidos o brillantes, siempre se las
arreglan para arrebatarnos lo que es nuestro.
Ahora pareciera estar yo haciendo
algo estúpido: discutir con una máquina que no me permite conectarme a
internet, aun no diagnostico por qué. Eso parece estúpido, pero necesario por
que los seres humanos nos hemos hecho dependientes de los objetos y el dinero,
lamentablemente, aunque hace dos días que no me conecto a internet, no ha sido
por que no quiera, sino que aunque siempre se ha dicho – y es absolutamente
verdad – que las mujeres hacemos más de una cosa a la vez- lo está
absolutamente probado y deja de ser una presunción, en el lenguaje del derecho
diríamos que es una “presunción de derecho”, es decir, no admite prueba en
contrario.
Estos últimos días las niñas y yo
hemos pasado mucho tiempo juntas por que están de vacaciones de invierno, lo
que implica hacer muchos malabares para poder incluso trabajar, hay cosas en
las que no se las puede incluir - por desgracia-, pero hemos ido al teatro, al
cine, a bibliotecas, al persa, etc, pero aunque ellas lo desean no a las
protestas, aun no están en edad para ello.
Hoy, y no por primera vez me
tocaba filmar sola, Carlos debía hacer clases en la universidad por que la
marcha no autorizada por la Intendencia, contra el proyecto de ley “Hinzpeter”
estaba convocada a las 18:30 horas. En principio, un compañero y buen amigo de
la Universidad Peter, iría conmigo, pero a última hora inventó que se confundió
con la hora y no sé qué. Lo que significaría que seríamos yo y mi cámara. Me
hice una credencial de la organización con mi nombre que decía que soy egresada
de derecho, envuelta en un plástico y amarrada a mi parca con un elástico de
billetes, era patética realmente, pero credencial al fin y al cabo, una mujer
filmando sola en estos tiempos no es de lo más seguro. Aun así aunque me puse
algo nerviosa, decidí asistir de todas formas.
Tomamos con Carlos la línea uno
del metro y me baje en el Metro Universidad de Chile, con destino a Ahumada con
la Alameda. Siempre me pongo un poco nerviosa al principio, y luego cuando comienza
la represión, pero en el momento ésta se pone dura se me quitan los nervios y
se me olvida todo, soy como un actor con pánico escénico que cuando se percata
que su escena va perfectamente se concentra en su personaje y todo sale de
maravilla.
Esta no sería una marcha
multitudinaria por que fue convocada sólo por un pequeño sector que incluso
desconozco y parece no haber conciencia aun de lo que significaría si este
proyecto de ley se promulgara, pero hubo unas cinco mil personas o algo así, lo
que no está mal. Como por primera vez usé credencial se me acercaron algunas
personas de otros medios y gente común y corriente a hacerme preguntas sobre el
proyecto de ley, lo que me hizo percatarme de que en general las personas
piensan que ésta es sólo una ley “anticapuchas”, lo que ya es malo y no saben
que crea delitos inadmisibles en cualquier país que se jacte de ser
democrático, son nuevos delitos que se agregarían al código penal que tendrían
a mi juicio la calidad de antónimos a ésta.
La protesta no tardó en comenzar
y en cuanto nos tomamos la Alameda, llegó inmediatamente el guanaco y nos
dispersó a todos temporalmente, lo que hizo que se produjeran diversos focos de
protesta y barricadas en distintas esquinas. Los pacos, con sus nuevas tácticas
represivas, provenientes seguramente de la base norteamericana recientemente
instalada en Chile, hecho que no fue mencionado casi por ningún medio de prensa,
salvo el “Ciudadano”, y no sé si ellos mismos relatan que la “Escuela de las
Américas” venía a entrenar a la policía de fuerzas especiales chilenas, pero
que se supone que no es así y que la ONU realiza ciertas funciones –no sé
cuales- o esa es la versión oficial supuestamente. En todo caso la información
es poca y confusa. Bueno, entre estas nuevas tácticas, últimamente nos atacan
literalmente con sus motocicletas, es decir, lo hacen los denominados
popularmente “ninyas”, nos tratan de atropellar, dispersar y si no les resulta
nos lanzan bombas lacrimógenas. Con eso me encontré cuando me dirigía a la
intersección de las calles Santa Rosa con la Alameda, decían que habían unas
barricadas, pero no alcancé a llegar allá por que estaban haciendo otra muy
pequeña en una calle peatonal al oriente de San Ignacio. Nosotros a un costado,
la pobre barricadita diminuta al medio, un perro vago ladrándole y ellos (los
pacos ninyas) al frente rugiendo sus motores con unas treinta y cinco motos
sobre la vereda – parece que en la Escuela de carabineros nadie les enseñó a
respetar la ley del tránsito, y algo tan básico como que los vehículos van por
la calle y los peatones por la vereda- Bueno,
como decía, ellos hacían rugir sus motores fuertemente y nosotros gritábamos
nuestras consignas, pero como éramos simples peatones desarmados todos
arrancaron cuando vieron que ellos estaban decididos atropellarnos con sus
vehículos motorizados, pasaron por al lado de la barricada y el perro y nos
tiraron una bomba lacrimógena de recuerdo. En ese momento un joven con espíritu
de héroe o por lo menos eso pensó en ese minuto, la pateó, pero en sentido
contrario al viento lo que nos hizo arrancar más lejos de lo planificado (si la
pateaba para el otro lado, el gas lacrimógeno le llegaba a los pacos y no a los
manifestantes). Yo no quise después ponerlo en nuestro video por que fue
realmente estúpido lo que hizo y todos lo abucharon. En ese momento se me acercó una compañera de
unos treinta y siete años, baja, con una melena oscura:
-
Sandra- exclamó
-
¿si? – yo nunca la había visto, de eso estaba
segura
-
¿Eres tú verdad?
-
Sí, pero de donde te conozco
-
Mi nombre es Claudia Gómez, somos amigas de
Facebook. Me encanta el trabajo que haces, sus videos son muy buenos y yo le
mostré a mis alumnos en el colegio tu video donde explicas la Ley Hinzpeter y
lo analizamos en clases.
-
¿de verdad?, nunca nadie me había reconocido y
mucho menos utilizado nuestro material para esos fines. Me haz hecho muy feliz
con lo que me dijiste, me dan más ganas de luchar cuando el cansancio y el
sistema te consume.
-
Si quieres te puedo acompañar ahora, para que no
estés sola.
Parece que se
notaba demasiado que no tenía asistente de cámara. Confieso que al principio me
dio algo de desconfianza, pensando que se podría tratar de una infiltrada,-
sabemos que en estos momentos los organismos de inteligencia funcionan a toda
máquina- y no de una compañera bien intencionada. Por eso tomé mis resguardos,
y ella seguramente presintió mis aprensiones me dio toda la información que
requerí y más, al rato se acercó a saludar a las mismas compañeras de las
organizaciones de Derechos Humanos que conozco, y mi marido me comentó que la
ubicaba. Finalmente, por esas cosas de la vida resultó ser mi salvación ese
arriesgado día, o más bien dicho noche.
Al poco rato
los pacos motociclistas volvieron a
hacer lo mismo, y llenaron la Alameda de bombas lacrimógenas excesivamente. En
ese instante había guardado la cámara por un momento, y salió de un restaurant
una pareja con una bebé algo mayor de un año, el padre no pudo seguir avanzando
y se pone a vomitar al lado del coche entre medio del cerco de lacrimógenas.
Nosotras no dudamos en correr a ayudarlo y empujamos juntos los tres el coche
de la guagua, mientras la madre corría atrás unas tres cuadras hasta que salimos
de las lacrimógenas, le pasamos un pedazo de limón a él que nos agradeció y nos
devolvimos a la Alameda. Yo no pude filmar, tal vez si lo hubiese hecho las
imágenes hubiesen dado la vuelta al mundo, o posiblemente la niña hubiese
muerto de un paro cardiaco, mis dos manos eran necesarias para sacarlos de ahí
por que sus padres no tenían fuerzas, y no me arrepiento, fue la mejor
decisión, creo que una de las mejores que he tomado en mi vida. Estoy segura
que esos padres que ni siquiera sé que opinan de las manifestaciones, nunca nos
olvidarán y que su hija le contará esta historia a sus hijos y nietos, aunque
no puedo negar que a lo menos hubiese querido saber el nombre de esa pequeña de
rosado que no entendía nada de lo que ocurría, la verdad no se me ocurrió
preguntar porque todo fue muy rápido, pero sin duda esta fue una de las cosas
más nobles que he hecho y creo que Claudia se sintió tan bien como yo.
Descansamos un
poco, comimos algo de limón para despejar nuestras vías respiratorias o a lo
menos tener esa sensación y no tardó el llegar el guanaco con su agua
lacrimógena y la micro, de la que bajaron unos treinta pacos, quienes de
inmediato comenzaron a confrontarnos, no sólo a nosotras dos, sino a unas cincuenta
personas que había en esa esquina. Los gritos y consignas iban y venían, sobre
todo cuando comienzan a darnos empujones, y pegarnos con sus bastones
retráctiles que remplazan a las antiguas lumas que utilizaban en la dictadura.
-
Avancen, avancen- nos gritaban prepotentemente,
mientras nos empujaban y amenazaban a bastonazos
-
Asesinos- les gritábamos a coro- entre los
improperios que iban y venían
-
Avance- me dijo un paco empujándome-
-
¡no me empuje¡- le grite y encendí la cámara
enfocándole la cara como pude
-
Estoy trabajando- me contestó con la misma
prepotencia
-
Yo también- respondí y avanzó a empujar a un
niño de unos trece o catorce años
-
¡No lo empuje¡ - le grite, él miró la cámara y
lo dejó de hacer, pero se hizo el loco y lo repitió nuevamente
-
¡por qué lo empuja! – le grite – suéltelo
En ese momento
comenzaron a enfrentarlo las mujeres de las organizaciones de Derechos Humanos
por empujar al niño. Nosotras con Claudia seguíamos metidas entre los pacos y
la multitud, ella me cubría la espalda y
yo filmaba, los zamarreones y bastonazos que los pacos le daban ala gente,
aunque la cámara se movía para todos lados. Por un momento logramos avanzar y ellos
se acordonaron en la vereda, realmente eran muchos, pero nosotros desarmados y
valientes. Mientras cantábamos:
-
Son los mismos que torturaban cuando estaba
Pinochet
Muchas personas, sobre todo
mujeres los enfrentaban cara a cara:
-
¿por qué me pegai paco culiado?- se defendía una
joven.
Al rato comenzaron los empujones,
bastonazos y zamarreones nuevamente y comenzaron a detener personas, a nosotras
no nos hicieron nada, a pesar de encontrarnos ente toda la trifulca, y tironear
a los detenidos como sea para que no se los llevaran.
-
Di tu nombre – les decíamos, últimamente esa se
volvió una costumbre, en la dictadura gritaban los RUN, me imagino que lo
hacían por que muchos no usaban sus verdaderos nombres.
De repente tiraron entremedio de
todos una bomba lacrimógena para poder llevarse a los detenidos sin nuestra
intervención y tuve que correr, incluso con algunas arcadas.
Porteriormente cruzamos la
Alameda para ver que ocurría, había otra trifulca, pero con los “ninyas” esta
vez, uno trató de atropellar a las personas
-
Tómenle la patente a la moto- gritaba
desesperadamente un joven mientras intentábamos retenerlo
Yo alcancé a registrar la placa
del vehículo, pero no el intento de atropello, pero aunque nos seguían atacando
no arrancamos, claramente el manifestante chileno ha perdido el miedo y ya no
arranca solamente, sino que también se defiende, lo que es legítimo, ellos
están armados y nosotros no, por lo tanto se podría tratar de legítima defensa
perfectamente, si se trata de hablar en términos jurídicos.
Un paco se me acercó y me pidió
que avanzara, yo le dije que no, por su puesto sus modales no fueron muy dulces
ni caballerosos. A los cinco minutos volvió y yo encendí mi cámara:
-
Avance- me gritó – avance¡
-
¿cuál es el problema?- le pregunté
-
Avance
-
Cual es el problema – reiteré
-
Avance
-
¿dígame que delito cometí? – le respondí en tono
desafiante
-
Avance
-
Dígame que delito cometí y yo avanzo – no me
dijo nada más y se fue, obviamente yo no estaba cometiendo ningún delito al
estar parada en la vereda. Rápida mente pasó otro ninya casi roseándome los
pies con su moto – me vay a atropellar? – le grité – él siguió su camino.
Después de eso nos mojó el
guanaco, y yo me pegué muy fuerte en la nariz, me parece que con la cámara.
Tuve morado varios días, incluso mi mamá me dijo que me había fracturado el
tabique, pero aunque aun me duele, creo que ella está exagerando y ya no tengo
morado.
Claudia me acompañó un rato, y
después me fui a casa, cansada, con la nariz morada, pero muy feliz por haber
luchado por mi pueblo.
Sandra Beltrami
Agradecimientos a Claudia Gómez.